El terremoto de magnitud 8,2 que sacudió México la medianoche del jueves mostró dos caras del nivel de preparación que tiene el país ante un desastre natural de este nivel.

Por un lado, Ciudad de México, con sus habitantes nerviosos por los recuerdos del devastador terremoto de hace 32 años, con ligeros daños en algunos edificios.

Y por el otro, las localidades de los estados de Chiapas y Oaxaca, con decenas de viviendas, edificios públicos y estructuras colapsadas

Ambas regiones sintieron los efectos de un terremoto similar al de 1985, de magnitud 8,1, el cual dejó unos 10.000 muertos y causó el colapso de cientos de viviendas y edificios.

Pero las consecuencias fueron completamente distintas.

Como explican los expertos, la diferencia radica en la posición en la que se registró el epicentro de este jueves y el de hace tres décadas.

Pero también en el tipo de construcciones que se han levantado en México.

Mientras que en las zonas urbanas se han mejorado las técnicas de edificación, en algunas regiones rurales hay fallas en los reglamentos y una situación de pobreza que ponen en juego las vidas humanas.

“México ha avanzado en el establecimiento de una cultura sísmica. Esto es parte de un proceso que toma tiempo y que debe ser permanente”, según Sergio Alcocer, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

No tenemos una reglamentación robusta en algunas partes de la república mexicana, donde necesitamos actualizar las normas, los reglamentos de construcción”.

Unos 250 kilómetros hicieron la diferencia en el temblor de la noche del jueves.

El epicentro se registró en aguas del Pacífico frente a la costa de Chiapas, a 650 km de Ciudad de México; en cambio, el terremoto de 1985 se originó a 400 km.

“El sismo del jueves tuvo niveles de intensidad de una tercera a una quinta parte de lo que se observó en 1985“, indicó en conferencia de prensa Leonardo Ramírez, jefe de la Unidad Sismológica de la UNAM.

En números técnicos, la noche del jueves en la capital mexicana fue registrado un movimiento de 9cm/s2, mientras que hace tres décadas fue de 30cm/s2.

Aunque la magnitud del temblor del jueves haya sido mayor a la de 1985, la intensidad reducida con la que llegó a la capital mexicana evitó el desastreallí.

“Hay que ser cuidadoso con las aseveraciones del desempeño que tuvieron las estructuras: no fue un sismo que se esperara que ocasionara daños”, señaló Ramírez.

En el sureste del país, la región cercana al epicentro, la situación fue diferente.

Conforme han surgido los reportes locales, las autoridades han confirmado la muerte de decenas de personas, además de que viviendas, edificios públicos y hasta un hotel quedaron derruidos.

La jefa del Servicio Sismológico Nacional (SSN), Xyoli Pérez, señala que es relativo el por qué en algunos edificios se percibió con mayor intensidad el temblor del jueves que en otros.

La distancia del epicentro, el tipo de terreno sobre el que está construida una edificación y la estructura que tiene son los factores clave.

Aun estando en la primera zona de impacto de un temblor como el del jueves, las edificaciones que siguen lineamientos de construcción adecuados soportan terremotos.

El problema es que las normas no son las mismas en todo el país, indica Luis Álvarez, director del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

“Existen buenos códigos de construcción en Ciudad de México, adecuados, según los aprendizajes. En particular tras el temblor de 1985. Pero esta práctica no se ha extendido al resto del país“, apunta Álvarez.

Oaxaca y Chiapas son dos de los estados con más población en situación de pobreza, lo que influye en por qué cayeron algunas construcciones que no estaban levantadas adecuadamente.

Además, la marginación de algunas poblaciones rurales dificulta la visibilidad de afectaciones.

“Seguramente los daños los vamos a ver en viviendas muy pobres, en materiales como adobe que no tienen ningún tipo de acero como refuerzo“, señala el ingeniero Sergio Alcocer.

México se encuentra en el Cinturón Circumpacífico donde se concentra la mayor actividad sísmica del planeta, de acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional.

Hay cinco placas tectónicas interactuando -Cocos, Norteamérica, Pacífico, Rivera y Caribe- en el territorio mexicano, el cual en 2016 registró 15.400 temblores.

Los estados de Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Colima y Jalisco están catalogados como los de mayor sismicidad, pero los estados receptores de impactos incluyen a Veracruz, Tlaxcala, Morelos, Puebla, Nuevo León, Sonora, Baja California, Baja California Sur y Ciudad de México.

En 1999 hubo un temblor de magnitud 7,1 en la misma región de la de este jueves, lo cual llevó a las autoridades a establecer códigos de construcción más robustos.

“Esto demuestra que una intervención a tiempo, con los métodos adecuados, puede lograr que las construcciones sean resistentes. Y que las comunidades sean resilientes, que se puedan recuperar”, dice el ingeniero Alcocer.

Pero un relajamiento de las reglas de construcción lleva a que se den situaciones de riesgo para la gente.

“Es parte de una cultura que tenemos que seguir construyendo entre todos. Esto es un camino interminable, siempre tendremos que seguir aprendiendo”, afirma Alcocer.

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