El desmembramiento de Toshiba, obligada a vender sus mejores negocios para salvarse de la quiebra, ilustra la crisis de los grandes conglomerados japoneses de electrónica que durante décadas dominaron el mercado mundial.

Los expertos apuntan a que los últimos años han demostrado que es posible algo impensable hasta ahora, la desaparición de los grandes nombres de la electrónica en Japón.

Sanyo ya no existe, NEC sobrevive pero sin los negocios que le dieron fama (ordenadores portátiles y teléfonos móviles) y Sharp se salvó in extremis cuando fue comprado por el gigante taiwanés Hon Hai.

En paralelo, grupos como Panasonic o Hitachi abandonan poco a poco sus actividades en la electrónica de consumo para concentrarse en sectores como el de la construcción, el automóvil o la aeronáutica.

Toshiba, cuyos orígenes se remontan a 1875, simbolizó durante décadas el éxito de la industria japonesa de la era Meiji, a finales del siglo XIX y a principios del XX, cuando Japón se transformó y entró de lleno en la modernidad

Pero ahora el conglomerado está en una situación dramática, obligado a vender sus mejores negocios, como su lucrativa filial de tarjetas de memoria Toshiba Memory.

Los candidatos a comprarlo luchan encarnizadamente para quedarse con este negocio, un “sombrero mágico” que genera cada año un resultado operativo de 4.000 millones de euros, indica Masahiko Ishino, del Tokai Tokyo Research Center.

“Es como una batalla por la herencia, cada uno intenta quedarse la parte más grande”, asegura.
Según Yasuyuki Onishi, autor de un libro sobre “El desmembramiento de Toshiba”, la venta de Toshiba Memory augura “el día en que los fabricantes japoneses de electrónica dejarán de existir”.

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