Diómedes Núñez Polanco
Diómedes Núñez Polanco

Si bien el considerable aporte económico que entregó la familia Corripio a 100 organizaciones comunitarias en ocasión de conmemorarse el centenario de su llegada a nuestro país en 1917, constituyó un gesto muy apreciado por la población, resalta el hecho de que esta familia ha ido forjando su impronta al compás del destino del pueblo dominicano.

Así queda expresado en el primer considerando de la Resolución con que el Senado de la República, le rinde homenaje a los Corripio:”Por la labor empresarial que ha venido desarrollando (…) a través de sus múltiples empresas, orientada a la eficacia, fortalecimiento de las comunidades, y el respeto a los derechos humanos y al medio ambiente constituyen una inyección importante al dinamismo económico y social del país, convirtiéndose en pilar de la economía nacional, a la vez que contribuye con el establecimiento de una sociedad más justa y un futuro más promisorio para las nuevas generaciones”.

En su adolescencia y juventud, Juan Bosch laboró en tres casas comerciales de la Capital: Lavandero, Ramón Corripio y Font Gamundy. En las tres realizaba las mismas actividades: llevaba el libro de caja y atendía lo referido a depósitos bancarios, elaboración de facturas y recibos para los cobradores. Mientras trabajaba en la Casa Corripio, le correspondió cambiarle cada mes, en su función de cajero, el cheque de cien pesos (100 dólares, la moneda que circulaba entonces) que recibía por su puesto de Inspector de Frutos el padre de Rafael Trujillo, jefe del Ejército del Gobierno de Horacio Vásquez: José Trujillo Valdez.

Al regresar de España, en agosto de 1931, luego de pasar un tiempo en Venezuela y en algunas islas del Caribe, en el Puerto de San Domingo, lo primero que hizo Bosch fue preguntar si todavía funcionaban las casas Corripio y Font Gamundy.

En plena Revolución de Abril, don Manuel, cuyo negocio estaba en la zona constitucionalista, conferenció con el coronel Caamaño, presidente de la República en Armas, sobre la preocupación por seguridad de los comerciantes; incluso llevó a la reunión, celebrada en el local del entonces Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC), todas las llaves de su negocio para entregarlas al Coronel de Abril, quien le dio las garantías necesarias.
La entrañable amistad de don Manuel y doña Sara con don Juan y doña Carmen, se transfirió a la descendencia. Pepín y Ana María Alonso dieron continuidad a la tradición. Los encuentros, con los temas más diversos, se extendían en ocasiones hasta la medianoche. Una familiaridad permanente.

En el verano de 1988, las hermanas Carmen Quidiello de Bosch y María Teresa Quidiello, invitadas por Pepín, volvieron a Lieres, Asturias, el pueblito de su padre, don Raymundo Quidiello.

“Puro reencuentro con sus primas y primos -, escribí el 31 de enero de 2013, en Hoy-, de nuevo en el verdor del paisaje, volver a contemplar la majestuosidad de sus montañas…El mismo Pepín conducía el automóvil en que se desplazaron en la zona. En esas vecindades, en el concejo de Cabrales, se hallan los orígenes del tronco familiar de los Corripio”. José Luis ha hecho un ruego a sus hijos e hijas: que no se dediquen a la política activa. Sin embargo, así como Hostos fue el más político de los educadores, y Bosch, el más educador de los políticos, como ha observado el profesor Angel Villarini; para mí, Pepín Corripio es el más político de los empresarios, en el buen sentido del término.

Al agradecer el reciente reconocimiento del Senado de la República, él expresó que el homenaje “hace seguir lo que el destino nos ha puesto como misión: Crear fuentes de trabajo, invertir en la República Dominicana y finalmente, al final de nuestros días, ya que nadie es dueño de nada sino administrador, que nuestros restos reposen junto a todos los dominicanos en esta bendita tierra”.

Terminamos con palabras del entonces presidente Bosch, pronunciadas en Santiago de los Caballeros, el 16 de agosto de 1963, en el acto formal del inicio de la construcción del Instituto Superior de Agricultura (ISA):
“Si ese espíritu de Santiago, hoy floreciente a los 100 años de la guerra restauradora, pudiera extenderse por todo el país, pudiera correr de bohío en bohío y de pueblo en pueblo, de aldea en aldea y de ciudad en ciudad, nosotros, los que tenemos la responsabilidad de gobernar, no tendríamos mayores preocupaciones, pues donde hay hombres y mujeres demócratas por su conducta y por su responsabilidad ciudadana, hay y habrá democracia”.