La hora del carnaval ha llegado a Haití, donde decenas de miles de personas aprovechan estos tres días de fiesta para saborear los nuevos éxitos de sus músicos preferidos, desahogarse y olvidar sus problemas y las polémicas que la inmensa celebración no deja de crear.

Aunque todos saben cuándo es, todo se deja para el último momento. A pesar de ser el mayor evento cultural del país, cada año se nombra un comité provisional de carnaval que se encarga de gestionar, como puede, tanto el aspecto financiero como el artístico.

“Todos los años hay dificultades de planificación, pero todos los años volvemos a hacer lo mismo”, admite sonriente Emelie Prophète, la portavoz del comité organizador del carnaval 2018, puesto en marcha hace apenas dos meses.

“La diferencia de este año es que intentamos organizar un carnaval sin deudas. Antes incurríamos en gastos y siempre había proveedores que no cobraban y al año siguiente no querían trabajar para el comité. Y sin embargo les necesitamos, la oferta de servicios es muy limitada”, explica Prophète.

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