Economía

Grupos farmacéuticos aumentan inversión en psicodélicos

Inversores multimillonarios como Peter Thiel y Christian Angermayer confían en los beneficios del uso de psicodélicos derivados de hongos alucinógenos, LSD e incluso veneno de sapo para tratar trastornos de salud mental. Ahora, las grandes farmacéuticas también se están sumando a la tendencia.

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La semana pasada, Eli Lilly, la compañía farmacéutica más valiosa del mundo, acordó comprar AtaiBeckley — una empresa desarrolladora de fármacos psicodélicos respaldada por Thiel — por hasta US$3.8 mil millones. El mes pasado, el grupo japonés Otsuka Pharmaceutical adquirió por US$700 millones la empresa de biotecnología Transcend Therapeutics, que se enfoca en psicodélicos para el trastorno de estrés postraumático. Por su parte, el año pasado AbbVie compró el principal activo psicodélico de la biotecnológica Gilgamesh Pharmaceuticals por hasta US$1.2 mil millones.

Se trata de un notable resurgimiento para el sector. Una serie de contratiempos clínicos culminó en 2024 con el rechazo, por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de EEUU, de una terapia con MDMA para el trastorno de estrés postraumático. Sin embargo, las valoraciones se están recuperando. Definium Therapeutics, cuyo fármaco principal es una formulación de LSD para la ansiedad y la depresión, ha multiplicado casi por cinco su valor en los últimos 12 meses, alcanzando una capitalización de mercado de US$5.5 mil millones.

¿Qué ha cambiado? En primer lugar, han mejorado los resultados clínicos. El mes pasado, Definium comunicó resultados positivos en un ensayo de fase 3 — que prueba un fármaco en una población relativamente amplia — para su pastilla a base de LSD contra la depresión. A principios de este mes, Compass Pathways publicó datos de ensayos en fase avanzada sobre una formulación a base de hongos alucinógenos. Los resultados indicaban que su tratamiento para la depresión podría ofrecer efectos más duraderos que las opciones existentes, y la solicitud de la empresa ante la FDA obtuvo la designación para una comercialización acelerada.

El cambio en las regulaciones también está ayudando. En abril, la administración Trump firmó una orden ejecutiva para agilizar la investigación y la aprobación de tratamientos psicodélicos. Además, el éxito comercial empieza a parecer menos teórico. Spravato de J&J, basado en un compuesto de ketamina, generó unas ventas de US$1.7 mil millones el año pasado, lo que supone un aumento de aproximadamente el 60 por ciento respecto al año anterior. Según el consenso de Visible Alpha, las previsiones de los analistas sobre sus ventas para principios de la década de 2030 han aumentado en un 25 por ciento en el último año.

¿Qué alcance podrían llegar a tener los psicodélicos? Por ahora, el principal objetivo del sector son los pacientes que no responden a los tratamientos actuales contra la depresión. Según estimaciones de Berenberg, esta cifra alcanzará 4 millones de personas en EEUU para el año 2036. Supongamos, a modo de hipótesis, que el 5 por ciento de este grupo recibiera tratamiento con los psicodélicos de Atai. Incluso a la mitad del precio actual del Spravato de J&J, la terapia podría generar unas ventas anuales de aproximadamente US$6 mil millones para Eli Lilly. Aunque esta cifra representa sólo una fracción de los US$85 mil millones que se prevé que Eli Lilly obtenga de sus fármacos para la pérdida de peso a mediados de la década de 2030, podría elevar la participación de sus terapias de neurociencia — actualmente del 2 % de los ingresos totales — a cerca de una décima parte, según estima Lex.

La escala de los medicamentos psicodélicos es más compleja que la de una simple pastilla: la limitación no reside en la disponibilidad del fármaco en sí, sino en la necesidad de personal cualificado, salas de tratamiento específicas y horas de supervisión para los pacientes durante y después del tratamiento. No obstante, estas terapias responden a una importante necesidad médica no cubierta. Los psicodélicos, que en su día fueron drogas asociadas a la contracultura, ahora han emprendido su próximo gran viaje hacia el catálogo de las grandes compañías farmacéuticas.