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Agresividad verbal, insultos y malas palabras asfixian al Gran Santo Domingo

Santo Domingo, RD. Durante varias jornadas recorriendo las calles del Gran Santo Domingo, el diagnóstico resultó inequívoco: la vulgaridad y el lenguaje con uso de malas palabras se han afianzado como la norma de interacción social más común entre las personas, indistintamente de la edad o condición social.

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Sin importar el medio de transporte,  a pie, en carro público, guagua o motoconcho, ningún ciudadano logra esquivar el constante cruce de insultos. En los sectores más populares de la capital, la agresión verbal borró cualquier barrera de nivel socioeconómico o formación académica. Lo que antes era un exceso ocasional, hoy funciona como la moneda de cambio habitual en el diálogo diario de la metrópoli.

“Este hijo de la gran puta no entiende nada de lo que se le dice. Le he dicho mil veces que no lo quiero cerca de ese delincuente, que lo único que hace es buscarse problemas”, vociferaba Ana Julia a su hijo de 12 años, a orillas del río Isabela, en el sector La Zurza.

Esta inmensa metrópoli caribeña constituye un agitado escenario habitado por transeúntes acelerados. En este dinamismo constante, cualquier rozamiento fortuito pasa velozmente del trato cordial a la agresión directa, utilizando insultos de alta vulgaridad como herramienta prioritaria para manifestar rabia, frustración o descontento.

“Usted no se imagina cómo es andar por las calles con adolescentes y niños, y que de la nada empiecen dos hombres o un hombre y una mujer a discutir con esas palabrotas que no se pueden repetir, y uno solo tener que seguir caminando como si nada. Siento vergüenza con mis hijos”, expresó Fiordalisa Ortiz, maestra de secundaria.

Comerciantes informales, alumnos, choferes de guaguas, motociclistas, mecánicos y simples caminantes participan activamente en este fenómeno destructivo. Prácticamente toda la población ha interiorizado un lenguaje tosco y humillante para resolver disputas rutinarias en el entorno urbano diario.

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