Cultura

Cuatro maneras de regresar en “Cuatro en Grabado”

Cuatro grabadores hicieron converger sus caminos en la vieja casona de la Benito Monción, hoy Portales de los Artistas, en Casa de Arte de Santiago. Narciso Polanco, René de los Santos, Humberto Grullón y Alex «FNDEZ» Fernández encontraron en el grabado distintas maneras de regresar al territorio de sus afectos, reconstruir la memoria y confrontar las imágenes que permanecen después de la distancia.

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La colectiva, organizada por el Colectivo de Grabado Dominicano en colaboración con Philartis, entidad dedicada al desarrollo de la educación, el arte y la cultura, reúne cuatro lenguajes y preocupaciones que no siempre coinciden. Sin embargo, en sus obras aparece una circunstancia que termina adquiriendo un peso mayor que el simple dato biográfico: todos han construido una relación con la experiencia de vivir, estudiar, producir o formarse fuera de la República Dominicana.

 Obra de René de los Santos.
Obra de René de los Santos.

La diáspora, en este caso, no opera únicamente como desplazamiento geográfico. Parece convertirse también en una condición de la mirada. Desde la distancia, el territorio se transforma en recuerdo y adquiere nuevas dimensiones dentro del discurso visual. Los personajes, ciudades, rostros familiares, símbolos religiosos, mitologías populares y heridas políticas revelan un país que deja de presentarse como una totalidad y comienza a reaparecer por fragmentos.

En Cuatro en Grabado, esos fragmentos adoptan formas diversas: Trujillo, Liborio, la mujer, el carnaval, la ciudad, los ancestros y ciertos signos reconocibles de la cultura dominicana.

Pero sería un error leer todo eso como simple nostalgia. La nostalgia suele idealizar el lugar perdido. Aquí ocurre algo más complejo: el origen es revisitado, intervenido, deformado y, en ocasiones, cuestionado.

El grabado resulta especialmente apropiado para esa operación. Su propia naturaleza parece ofrecer una metáfora involuntaria de la memoria: una matriz intervenida, una impresión y una imagen que se desprende de su origen para circular por otros espacios. La matriz permanece. La imagen viaja.

 El baká de Trujillo, obra de Narciso Polanco.
El baká de Trujillo, obra de Narciso Polanco.

Algo semejante ocurre con la experiencia de quienes han vivido entre territorios. No trasladan intacto el país de origen. Lo llevan convertido en huella.

El santiaguero Narciso Polanco, egresado de la Escuela de Artes de la UASD, amplió su formación en técnicas gráficas en Santo Domingo y en la Art Students League de Nueva York.

En El baká de Trujillo, Polanco interviene directamente la memoria del trujillato. Sobre una reproducción del periódico El Caribe correspondiente a la época de la dictadura coloca una figura grotesca, casi monstruosa, descompuesta por la memoria, donde la deformación adquiere una dimensión crítica.

En otras obras, Polanco recurre a personajes carnavalescos, cuerpos alterados, árboles mutilados y paisajes donde la naturaleza parece haber perdido toda inocencia. Hay en su producción una sensibilidad expresiva que recurre a lo grotesco, no como un simple ejercicio de extrañamiento, sino como un procedimiento para revelar las tensiones históricas que sobreviven bajo las imágenes familiares.

 Obra de Humberto Grullón Morel.
Obra de Humberto Grullón Morel.

René de los Santos trabaja desde una zona distinta. Sus figuras se transforman: cuerpos humanos adquieren alas, aves poseen rostros de mujer, ojos sustituyen cabezas y criaturas imposibles ocupan espacios que no pertenecen por completo ni a la naturaleza ni a la ciudad.

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